Final Fantasy. País: Japón-EEUU.
Animación. Dirigida por: Hironobu Sakaguchi y
Motonori Sakakibara. Año: 2001.
Aki, dama
del Jazz
El guión de Final Fantasy
es apenas más complejo que el de aquellas máquinas
de marcianitos que arreciaban hacia 1980 y en las que
aparecían inacabables filas de monstruitos que el
usuario debía convulsamente aniquilar con el
disparador que a tal efecto había en la parte
inferior de la pantalla. Sin duda el punto fuerte de
la película no es el script místico-científico
más propio de un juego de consola (claro que al fin
y al cabo el film se inspira justamente en eso, en un
videojuego) que de SF adulta. Pero si yo me atrevo a
decir que Final Fantasy es una cinta de
indudable interés y casi imprescindible no es por
que su contenido rivalice precisamente con Blade
Runner o 2001 . Su gran atractivo
radica en que posiblemente estemos ante la primera
película moderna (en clave siglo XXI, entiéndaseme)
de la historia: en efecto, puede que Final
Fantasy sea como el Cantor de Jazz de
nuestro tiempo (el film de 1927 que inauguró
oficialmente el sonoro). Corred a verla, si no la han
retirado ya de vuestras carteleras, y de ese modo
quizá esteis aún a tiempo para poder contar, hacia
el año 2050, que acudisteis al estreno de
la primera película virtual (aunque como tal tan
tosca como esas ralentizadas cintas de principios de
siglo respecto del cine más reciente). Desde el
punto de vista técnico e informático, el film
protagonizado por la bella e intrépida Dra. Aki Ross
no es sólo estimable, sino un auténtico prodigio de
realidad virtual en estado embrionario. Con algunas
excepciones, como las manos de los personajes, no
totalmente logradas, el aspecto de los habitantes de Final
Fantasy es asombrosamente real y en algún caso,
como el del anciano científico mentor de Aki Ross,
llegas incluso a olvidarte de que se trata
únicamente de una animación. Ni que decir tiene que
en todo momento el espectador es consciente de que se
trata de un film virtual porque aunque el aspecto de
los actores sea muy logrado y real, aún es
posible percibir a simple vista (lógicamente) que no
son de carne y hueso sino animaciones tremendamente
sofisticadas. Pero tras el visionado de Final
Fantasy uno no puede abandonar la sala sin
pensar que sólo con que dejemos pasar unos añitos
(¿15?, ¿20?, ¿30?) y esperemos a que el invento se
desarrolle un poquito más, ya tendremos una especie
de Matrix servido: es decir, imagen virtual
indistinguible de la imagen real. A partir de ese
momento (que está al caer) ya podeis agarraros.
La película es una
coproducción Japón-USA (aunque en los títulos de
crédito los nombres nipones son mayoría
abrumadora), pero los rasgos de los personajes son
occidentales, me imagino que por razones comerciales
(el público mundial está acostumbrado a caras
caucasianas y yankees). No obstante supongo que los japos
habrán tenido que decir algo al respecto: la
protagonista tiene un nombre anglo-japonés y su
rostro (esencialmente europeo) tiene un vago aire
oriental. Intuyo, por otra parte, una cierta voluntad
de corrección politica en el diseño de la jeta de
la heroína. Sus rasgos son finos y angulosos, muy
europeos, pero es morena y tostadita: lo mismo
podría ser sueca que argelina. Por lo demás, Aki
está maravillosamente codificada, con sus estupendas
rutinas y variables. He oido que para diseñarla
pensaron en un cruce entre la Jodie Foster de Contact
y la Linda Hamilton de Terminator. Les ha
salido una especie de Sigourney Weaver tibetana.
¿Y que porvenir le espera al
negocio cinematográfico tras Final Fantasy?
Mi opinión es que en el futuro el cine sufrirá una
especie de bifurcación: por un lado habrá un cine
desarrollado virtual e informáticamente que será
esencialmente comercial y concebido básicamente como
negocio (tal rama representará la mayor parte de la
producción cinematográfica); paralelamente
continuará haciendose un cine "artesanal",
es decir con actores reales, y que tendrá mayores
pretensiones artisticas y culturales que el altamente
industrializado cine obtenido por medios
informáticos. Este cine "tradicional" se
hará mayoritariamente en paises de buen nivel
cultural, como Francia, pongamos por caso. También,
lógicamente en aquellos donde la industria
cinematográfica este técnicamente poco
desarrollada: tranquilos, no nos quedaremos sin
películas iranies.
No cometamos pues el habitual error
de creer que el cine con actores reales
desaparecerá. Y digo habitual porque nos hemos
pasado el siglo XX haciendo de enterradores:
que si el teatro iba a desaparecer, que si la radio
iba a desaparecer, que si el cine mismo iba a
desaparecer (¿recordais qué se decía cuando
apareció el video doméstico a principios de los
ochenta?, por no hablar de la llegada de la TV en los
50)....asi que por favor, no empecemos otra vez con
el mismo rollo.
Seguirá, pues, habiendo cine artesanal :
sólo si yo fuera Van Damme o Steven Seagal me
sentiría irritado y preocupado. Tanto que
probablemente me liaría a tiros o mamporros con
alguien.
Por último y como decía un
meláncolico admirador del star system
femenino hollywoodense, el título de la película
que nos ocupa es dolorosamente premonitorio: Final
Fantasy, fantasía final. ¿qué posibilidades
tenía hasta ahora un admirador (americano, se
entiende) de Julia Roberts, por ejemplo, de
encontrársela por la calle? ¿y de colocarle las
manos en las caderas? ¿y de meterle la lengua en la
boca?. Poquitas, de acuerdo, sobre todo en los dos
últimos casos. Pero era posible concebir alguna
demente y enfebrecida esperanza. En lo que se refiere
a la Dra. Aki Ross, las probabilidades en cualquiera
de las tres espectativas mencionadas no es que sean
mínimas sino que se computan en un rotundo y
desolado cero absoluto. Lo dicho: Final Fantasy.
Se acabaron las fantasías.
Serafín. Septiembre, 2001
