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Sala V
Salón
de lectura
Hans Holbein. Ana
de Cleves. 1539
Obras reseñadas
Lo mejor de Fredric Brown. Antología
a cargo de Robert Bloch. Fredric Brown
Cuentos únicos (1989). Antología de relatos. Javier
Marías.
Negra espalda del tiempo
(1998). Novela. Javier
Marías.
Biblioteca personal (1986).
Prólogos. Jorge Luis Borges
Lo mejor de Fredric
Brown. Fredric Brown (1907-1972)
El espléndido escritor de género
que fue el norteamericano Fredric Brown (1907-1972)
encuentra en este volumen una excelente antología de
algunos de sus mejores relatos. La recopilación
corre a cargo de Robert Bloch, el célebre autor de Psycho,
e incluye algunas muestras de la habilidad
inigualable que tenía Brown en la técnica del
relato corto o supercorto. Algunas de estas
mini-narraciones, como Imagínate, Pesadilla en
amarillo, Experimento o Aún no es el fin son
simplemente inolvidables para cualquier lector
aficionado. En el volumen encontramos también
cuentos algo más largos, como Nada serio o Arena,
que resultan igualmente impagables y que forman
parte, muy probablemente, de lo mejorcito que se ha
escrito de entre las toneladas de literatura de
ciencia-ficción que produjo el cientifista siglo XX.
El autor de Cincinnati no sólo cultivó el relato
breve, también escribió novelas y narraciones
largas como Marciano vete a casa (1955) o la Mente
asesina de Andrómeda (1961). Para mi, Brown es
un autor especialmente entrañable. Una de mis más
remotas lecturas (a los 11 ó 12 años) fue la
policíaca Un trago para el camino (One for
the Road), en el número 21 de aquella popular
colección de quiosko de la extinta Editorial
Bruguera Club del Misterio, cuyos volúmenes
conservo como oro en paño. Más tarde, y justamente
de la mano de Bloch y su The best of
Fredric Brown, descubriría al Brown autor de
ciencia-ficción. El libro es una excelente
introducción al mundo de un escritor imprescindible
en la literatura estadounidense de género del ya
pasado siglo. Cuenta, además de las decenas de
relatos, con una presentación del antologista Robert
Bloch (que trató personalmente a Brown) y un
prólogo de Miquel Barceló, probablemente la máxima
autoridad en materia de ciencia-ficción de nuestro
pais.
Serafín, 2002
Cuentos únicos,
1989. Javier
Marías (1951)
Como el
propio Marías explica en el prólogo, esta antología consta de
relatos escritos por autores de segunda fila u
olvidados (con alguna excepción, como la de Durrell
o Churchill), que tuvieron el mérito de dar en la
diana al menos una única vez y crear un espléndido
cuento en el contexto de una obra globalmente menor y
difuminada en el tiempo. Todos los cuentos son de
autores anglosajones, pertenecen a la época de
entreguerras y forman parte del género fantástico y
de horror, en el que tan rica es la literatura
inglesa. Entre estos autores olvidados, figura John
Gawsworth, un escritor real y verídico, que
apareció como personaje en Todas las almas y Negra
espalda del tiempo y que daba al lector la
sensación (casi la certeza) de que era apócrifo.
Otro de estos misteriosos y lejanos autores olvidados
o semiolvidados es el propio Javier Marías
disfrazado. Por lo tanto sólo uno de los escritores
es apócrifo. ¿Quien?. Juan Benet lo descubrió a la
primera, no así el filósofo Julián Marías, padre
del autor.
Serafín, 2001
Negra espalda del
tiempo (1998).
Javier Marías (1951).
La última novela del, para muchos (también
para mí), mejor escritor español vivo. En ella,
Marías desdibuja de una manera diabólica la línea
que separa ficción y realidad. Con su habitual
estilo elegante e hipnótico, el autor desarrolla
esta ¿ficción? ribeteándola con seductoras ideas
filosóficas. Aunque tal vez no sea esta la manera
más precisa de referirse a Negra espalda del
Tiempo: no debería quizá hablarse
de ribete filosófico, ya que la filosofía es más
bien la materia prima de la obra. Pues Negra
espalda, a parte de una absorvente
lectura, es una reflexión sobre el Tiempo, o mejor
dicho, sobre su reverso, esto es, lo que Marías
llama su negra espalda. ¿Donde se hallan, a
donde van a parar esas cosas que podrían
perfectamente haber sido y que finalmente no fueron,
en beneficio de otras que, a su vez, podrían
perfectamente haber no sido?: se hallan justamente
ahí, en el reverso del Tiempo, su negra espalda. Por
otra parte, la obra retoma en cierto modo el hilo
(aunque no puede hablarse en absoluto de secuela) de
la anterior Todas las Almas (1989), donde también
realidad y ficción se emulsionaban. Aquel libro y
sus personajes (cuenta el autor madrileño) fueron
gradualmente invadiendo su realidad cotidiana, de
manera que aquel material ficticio parecía ir
volviéndose real. Este gradual viraje hacia la
realidad de la fabulación de Todas las Almas sirve al autor de material
de partida para Negra espalda del Tiempo , y
es precisamente en esta nueva obra donde va
desdibujando definitivamente sus contornos la siempre
delgada línea que separa la realidad de la ficción.
Si hay algo que pueda considerarse censurable o
criticable en esta magnífica obra es quizá el que,
a medida que Marías desarrolla su apasionante juego
literario (se trata en cualquier caso de un juego muy
serio a cargo de un escritor-pensador), va consumando
ciertos ajustes de cuentas hacia algunos personajes
cuyas trayectorias se han cruzado con la del autor.
De ese modo, Marías ironiza burlonamente sobre los
Querejeta (responsables, en 1996, de una versión
cinematográfica de Todas las almas, que no
gustó en absoluto a Marías, y que al parecer no era
en modo alguno fiel a la obra y a los personajes), o
sobre su antiguo editor de Anagrama, al que deja
literalmente por los suelos ("se halla más
cerca del tendero que del intelectual, por lo que no
se sentía cómodo con razonamientos"). Por otro
lado, vuelven a aparecer en esta obra, al igual que
en All souls, escritores
ingleses raros y olvidados (siendo la primera
impresión la de que son apócrifos, pero que en
realidad no lo son) y que contribuyen a ese juego
mágico al que se libra la pluma del autor.
Personalmente, me identifico con esa afición del
narrador de revolver en librerias de viejo en busca
de libros raros de autores recóndidos, libros
descatalogados y olvidados, algo que comparte con ese
John Gawsworth, sabueso literario y autor raro y
olvidado él mismo, que acabó convirtiendose en
material de sabuesos. Negra espalda del tiempo,
al igual que otras obras de Marias, combina la
elegancia formal y el contenido filosófico con la
intriga (Corazón tan blanco creaba una
intriga hithcockiana usando como material la
filosofía y el pensamiento). La obra narrativa de
Javier Marías (tanto novelas como cuentos) crea en
el lector, como ninguna otra, lo que Fernando Savater
llamó la fuerza absorta de leer. Algunas de sus descripciones
dejan una extraña y fascinante sensación
pictórica. Javier Marías es algo más que un
escritor: es, por decirlo con las palabras de cierto
crítico alemán, un programa estético.
Serafín, 2001
Biblioteca personal
(1986). Jorge
Luis Borges (1899-1986)
Dijo Borges en cierta ocasión que su vida estaba menos
orientada a vivir que a leer. Su existencia estuvo
siempre marcada, aparte de por la creación
literaria, por la continuada e impenitente lectura.
Consumió libros y literaturas desde la más remota
infancia sin siquiera dejar de hacerlo más alla del
año 1955, fecha en la que comenzó ese lento
atardecer de verano, tal y como llamó el autor
argentino al gradual y continuado proceso que habría
de conducirle a una ceguera más o menos absoluta. El
discurrir de su tiempo y de sus años fue (al margen
de las ingratas tareas alimenticias a las que todo
mortal debe someterse) básicamente un crear y un
consumir y un escuchar literatura. Su erudición
literaria llegó a hacerse inmensa, inabarcable, y su
exploración de lenguajes, letras y literaturas,
infatigable. "Que otros se jacten de los libros
que han escrito, yo me jacto de los libros que he
leido", dice en el prólogo de Biblioteca
personal. Y muchos, incontables fueron sus libros
leídos, a lo largo de sus más de ocho décadas de
vida. Pero la enorme erudición literaria de Borges
resulta algo llamativa para el lector amigo de los
tradicionales cánones literarios o para el seguidor
impenitente de los juicios de Bloom o de Ranicki. Era
conocida su afición por los autores menores o
tangenciales (algunos de ellos incluso irrelevantes,
caidos en un olvido no siempre inexplicable), así
como su falta de atención hacia bastantes de los
escritores considerados como imprescindibles o
canónicos. Y es que Borges, que buceó en las
profundidades más abisales de las distintas
literaturas, alcanzando insólitos descubrimientos y
sacando a la superficie joyitas ocultas (o en
ocasiones simple bisuteria), ignoró y desdeñó
totalmente algunas de las grandes tradiciones
literarias mundiales. En efecto, no son muchas las
referencias que hace Borges de dos de las grandes
literaturas del XIX, como son la rusa y la francesa.
¿Cuántas referencias borgeanas podemos encontrar
sobre Balzac o Stendhal, por ejemplo, que son dos de
los iconos literarios del XIX francés? ¿Y cuántas
sobre Maupassant, muy probablemente el mayor cuentista francés de
su siglo? ¿Y los grandes novelistas rusos
decimonónicos? Por no hablar de su desprecio por la
literatura española, a la que consideraba (con la
excepcion del Quijote cervantino y de Quevedo, este
último uno de sus santos) "más bien
desdeñable". Algunas de sus boutades
más célebres, dicho sea de paso, estaban dedicadas
a autores españoles: "no sabía que Manuel
tuviera un hermano" (preguntado sobre Antonio
Machado) o "Yo siempre estaré dispuesto a
pensar en D. Luis de Góngora cada cien años"
(en el centenario del autor de Soledades). Por
el contrario, Borges reivindicaba apasionadamente
algunos autores que, aunque sin duda valiosos, son
indudablemente menores dentro de la tradición
literaria de la que forman parte, como es el caso de
Wells o de Stevenson, dos de sus dioses, a los que
exaltó repetidamente. Quedamos pues, en que la
erudición de Borges era ciertamente original y
personalísima. Y ello queda reflejado en esta serie
de breves prólogos o presentaciones de algunas de
sus obras predilectas, agrupados bajo el título de Biblioteca
personal. La serie, originalmente, había de
constituir una colección cerrada de cien textos, que
conformarían una especie de canon borgeano, aunque
en el momento de su fallecimiento en 1986, Borges
sólo había completado sesenta y seis. Estos
prólogos que integran Biblioteca personal son
auténticas piezas maestras de densa brevedad, de
concisión y de limpidez. Pocos como Borges han
tenido ese talento para dar tanta información en tan
pocas líneas, en crear retratos tan acabados en tan
poco espacio. Este pequeño volumen (por sus
dimensiones), aparte de procurarnos el siempre grato
bienestar de la lectura borgeana, nos ayudará a
descubrir autores y obras, bastantes de ellos
desconocidos por la mayoría. Es éste un catálogo
de preferencias, la biblioteca íntima y personal del
mayor y más original autor hispánico del siglo XX.
El lector queda invitado a deambular y curiosear en
tan privilegiado ámbito.
Serafín, 2001
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