Películas
Para el amor no satisfecho,
el mundo es misterio; un misterio que el amor
satisfecho parece comprender
Bradley

Mulholland Drive. País:
EEUU-Francia. Intérpretes: Naomi Watts, Laura
Elena Harring, Paul Theroux, Ann Miller. Música: Angelo Badalamenti. Guión y Dirección:
David
Lynch. Año: 2001.
La última
y enigmática película
de David Lynch fui a verla en dos
ocasiones diferentes, aunque en la misma sala
barcelonesa: el Maldà, uno de los pocos y
cristalinos espacios que no han sido cubiertos aún
por ese vertido que son las multisalas.
La primera vez Mulholland Drive me produjo
cierto desconcierto, ante todo el extraño tramo
final; aunque me llevé la seductora impresión de un
notable atractivo estético: las estudiadas amalgamas
de luz y sombra, el uso de determinados tipos de
color (la combinacion entre el negro y un elegante
azul oscuro), los personajes y decorados sugerentes y
oníricos, ciertos motivos recurrentes de gran
magnetismo (las carreteras en sombras iluminadas por
faros de automóvil o la pavorosa vista nocturna de
la ciudad de los sueños) y otros elementos
típicos del cine de David Lynch. A mi segundo
visionado de la película acudí ya sin ninguna
pretension de entenderla, tan sólo con la intención
de dejarme llevar por su suave y vagamente amenazante
discurrir onírico (con algún que otro chapoteo de
inesperado terror); tambien fui con el ánimo, pues
ese dia me sentía sensual, de volver a disfrutar con
la contemplación en pantalla grande del maravilloso
rostro de Naomi Watts.
No obstante, y aunque no lo esperaba, en esta segunda
ocasión me fue posible comprender Mulholland
Drive un poquito mejor: cierto entendimiento,
cierta revelación fue abriéndose camino, casi sin
esfuerzo, simplemente dejando libre la imaginación,
más que forzando la razón o el análisis. Pero la
película permite tantas interpretaciones como
existen soñadores o espectadores; en cierto modo es
tan indescifrable como los sueños o como la mente de
Lynch, que con esta nueva creación se consolida no
ya como un director sino también como un guionista
genial y un auténtico soñador de
historias. Alguien para quien sin duda las fantasias
o ensoñaciones no son menos reales que la llamada (y
en exceso sobrevalorada) realidad. De David Lynch tal
vez hubiera podido decir Borges lo mismo que
escribió (creo) sobre Macedonio Fernández: no
permitía que la realidad le estorbara.

La historia nos habla de una mujer joven (Laura
Elena Harring) que tiene un accidente en mitad de la
noche, con la limousine que la transportaba
y en medio de un difícil trance. Como resultado
queda amnésica, siéndole imposible incluso recordar
su nombre. En estado de completa confusión va a
parar al apartamento de una joven de provincias que
sueña con triunfar en esa ciudad o arrabal de
sueños o de pesadillas que es Hollywood. La joven en
cuestión (una Naomi Watts algo ingenua que sufrirá
una radical transformación en el tramo final del
film) acoje a la desconcertada noctámbula, tras lo
cual las dos llevarán a cabo extrañas indagaciones
y vivirán peripecias que rozarán lo fantástico.
Hay un punto clave en la misteriosa película del
director de Montana y que podemos situar
aproximadamente cuando ya se llevan proyectadas dos
de sus terceras partes: al volver Naomi y Laura
(es decir, los personajes que encarnan) del onírico
teatro nocturno al que tan inesperadamente ha
arrastrado la segunda a la primera en mitad de una
amorosa noche, y tras entrar de nuevo las dos en el
apartamento, Laura se percatará
súbitamente de la desaparición de Naomi y
empezará a buscarla con la mirada ¿donde estas?
preguntará en castellano en la versión original del
film (el español es aqui un idioma misterioso,
mensajero de realidades ocultas). Echa mano de la
llave con la que abre la enigmática cajita, centro
neurálgico del film; luego vendrá una

especie de fundido como si entraramos en una nueva
dimension del espacio-tiempo o en una realidad
paralela. Y es a partir de ahí donde comienza otra
película, más crepuscular y sombría, que bordeará
constantemente la pesadilla. En este nuevo y oscuro
escenario hallaremos a los mismos personajes que en
el tramo inicial de la historia, pero como si de
alguna manera hubiesen sido barajados como un mazo de
cartas o se les hubiese asignado papeles e
identidades diferentes. El relato ha sido reordenado.
Naomi se nos aparece con un nuevo aspecto,
ojeroso y asalvajado, completamente distinto al
ingenuo y casi angelical del principio. Esta
reestructuración de la historia nos regalará
además una infartante escena lésbica entre la ahora
animalesca Naomi Watts y una más bien
etérea Laura Harring ¿Qué es realidad y
qué sueño? ¿la primera parte? ¿la segunda? una de
las primeras ideas que se nos ocurren al asomarnos a
la mente de Lynch es que nos está exponiendo en
forma de sueños e imágenes una reflexión sobre
Hollywoood, cuya realidad puede ser tan luminosa como
atroz o pesadillesca.
Y uno de los grandes atractivos de Mulholland
Drive es justamente su ambigüedad, su
inteligente y ordenado caos; cada espectador debe
hacer su propia interpretacion en base a su
experiencia íntima y personal, y me imagino que ese
es el objetivo del propio Lynch: crear una especie de
fantasía tan incomprensible y misteriosa como un
sueño, como una de esas funciones del sorprendente y
enigmático teatro nocturno que desde hace ilimitados
milenios nos visita tantas noches para nuestro
consumo privado, para nuestra maravilla o nuestro
terror.
La interpretación que hago yo de este sueño
de David Lynch es la siguiente: la primera parte es
una especie de fantasía del personaje de Naomi
Watts, una ensoñación que la involucra a ella y a
su amada (Laura Elena Harring), la fantasía típica
del enamorado (de la enamorada en este caso), que no
puede concebir un destino diverso del de la persona
amada y que sólo es capaz de imaginar (en tanto se
prolonga esa intoxicación mental que es el
enamoramiento) vivencias conjuntas. La segunda parte
es la amarga realidad de la soñadora. Y esto es lo
más sobrecogedor (lo aterrador) de la cinta de
Lynch: el pensar que sus iniciales dos terceras
partes son tan sólo el sueño de una mujer que se
encuentra dramáticamente desdoblada entre el amor y
el odio, de alguien que odia hasta el extremo de
asesinar o pactar el asesinato de la amada, pero que
es capaz de seguir queriéndola y adorándola como
para no dejar de recrear en su mente ensoñaciones
que las involucran a ambas. No obstante, Mullholland
Drive pone en el mismo plano la realidad y los
sueños: son intercambiables, y las interpretaciones
no se agotan.

Mención aparte me merece la fascinante música de
Angelo Badalamenti que convierte los títulos de
crédito de la película (con esa limousine
circulando lentamente en medio de la noche vagamente
iluminada) en uno de los momentos mágicos de esa
galería de ilusiones, de ese ilimitado Wonderland
que es Mulholland Dr.
Serafín. Diciembre 2002
Filmografía de
David Lynch (Montana, EEUU, 1946)

Cabeza Borradora (EraserHead,
1977)
El Hombre Elefante (The Elephant
Man, 1980)
Dune, 1984
Terciopelo Azul (Blue Velvet,
1986)
Corazón Salvaje (Wild At Heart,
1990)
Twin Peaks. Fire Walk With Me, 1992
Carretera Perdida (Lost Highway,
1996)
Una Historia Verdadera (The
Straight Story, 1999)
Mulholland Drive, 2001